Valdecastillo, el barranco de La Torre, el arroyo de Fuente Fría, La Mina, ¡la ermita de La Mora!... A nadie le puede caber duda de que, con estos topónimos, el barranco que nace en torno a El Castellar de Torretarrancho evoca ancestrales historias serranas que el tiempo se ha ocupado de desvanecer. En la memoria el viejo despoblado moderno (La Torre o Torretarrancho)... más allá sólo unos nombres fósiles, un puñado de ruinas y pedregales que empujan a soñar imaginando tiempos pasados y que a las ciencias humanas aportan un montón de pistas para indagar en el pasado serrano.
El barranco de La Torre que en torno a sus aguas arrastra todos estos nombres, es un afluente de la margen izquierda del río Mayor, a su vez subsidiario del Alhama. En su nacimiento un imponente poblado encastillado celtibérico que da nombre a buena parte de los topónimos, El Castellar de Torretarrancho. Aguas abajo, casi en el río Mayor, una nueva torre celtibérica, La Mina, según nos contó Julio Martínez así llamada por el enorme socavón central donde los cuentos locales hablan de míticos tesoros. Muy seguramente La Mina es un poblado subsidiario
de El Castellar que protegía este acceso meridional que se escapaba a su control visual. Pasados los tiempos celtibéricos, abandonada y arruinada la torre de La Mina, se mantuvo ocupado el lugar, ahora en sus más benignas laderas meridionales y orientales: algunos fragmentos de vajilla romana de mesa y los más abundantes trozos de ollitas medievales lo confirman... El lugar debió estar vivo hasta época moderna... corrales, restos de una vivienda junto a la torre, una poza reciente en el arroyo, seguramente para regadío, y lo que a partir de aquí nos va a centrar, la vieja iglesia del despoblado, la hoy llamada ermita de La Mora.
Se llega a la ermita por una pista de parcelaria que sale de Fuentes de Magaña, aunque para el que guste andar y tenga tiempo recomendamos hacer una ruta de senderismo local, un pequeño recorrido llamado 'la ruta de las fuentes' que, saliendo y muriendo en el pueblo, va visitando los manantiales que dan nombre al pueblo entre lugares de interés natural, paleontológico (huellas de dinosaurio) y los arqueológicos y etnográficos que tratamos.
Tuvo la iglesia larga planta rectangular con cabecera en el sudeste. Del edificio religioso se conservan las paredes NE y NW. Aparentemente las paredes SE y SW así como otra interior que separa en dos espacios la nave son del último uso que se dio a la estructura, cuando habría perdido ya su función religiosa. A ello remite la austera puerta y los diminutos ventanucos cara al sur y sudeste, más propios de una humildísima vivienda o, mejor, encerradero que de lugar sagrado. Otro dato que apunta a un aprovechamiento posterior de las ruinas de la vieja estructura religiosa es la cubierta, con caída a una sola agua, la sudeste. También indicio de remodelación posterior menos cuidada es la propia fábrica de los muros SE y SW, trabados en seco o con barro, más inconsistentes que las originales NE y NW donde se utilizó un durísimo mortero de cal y estuvieron enlucidas con cal.
Tiene la pared NE al interior una piedra labrada saliente, apoyo para nervios de un arco que separaría el presbiterio y oratorio; al exterior estuvo reforzado por un contrafuerte. La pared NW, más elevada que el resto, se correspondería con la espadaña, aunque nada queda en su estructura que indique tal función salvo su altura. Todas las piedras de las esquinas de los muros originales han sido extraídas, incluido el contrafuerte, sin duda buenos sillares que han servido para la construcción de edificios posteriores.
La cronología de la ermita es indeterminable. La presencia de piedra toba reutilizada en los muros, el contrafuerte, el soporte para el arco interior, el contexto de restos arqueológicos... parecen señalar a los tiempos medievales como los de plenitud de este lugar sagrado, incluso el propio topónimo de La Mora: se ha perdido su advocación cristiana y se remite a un recurrente lugar de vagos pobladores perdidos en el tiempo, los 'moros'. Su género, La Mora, induce a pensar en algún cuento o tradición ligada a un atractivo e infiel personaje femenino... pero nada
hemos conseguido aclarar al respecto.G. Martínez en su estudio de las comunidades de Villa y Tierra sitúa en torno a esta ermita un poblado plenomedieval dependiente de la villa de Magaña. Tampoco extrañaría una fundación más remota... altomedieval, romano tardía incluso: como decíamos arriba el poblado original fue una torre celtibérica y los pocos fragmentos de vajilla de mesa romana localizados en el lugar han aparecido en las inmediaciones de la ermita. Capítulos sueltos de su historia que un ojo agudo puede 'leer' y descifrar, escondidos que están como los molinos circulares reutilizados en la fábrica de sus muros. El complejo etnográfico-arqueológico de La Mina y La Mora es un evocador rincón serrano que atesora, camufladas entre lo que parecen ser pedregales y ruinas, muchas páginas de la historia de nuestra sierra.

Idoubeda oros 2011 etnografía: Nuria MM, Manuel CD, Eduardo AP.
Para esta entrada: Nuria (dibujos AutoCAD), Manuel (análisis cerámicos), Eduardo (texto y fotos)






























Cualquiera que haya puesto su empeño en la recuperación de las tradiciones comprenderá la tesitura en que nos vimos el pasado sábado cuando el mismo día y a la misma hora se recuperaba la procesión de San Marcos en Valloria-Las Aldehuelas tras décadas de vacío, y por segundo año se bendecían los campos en la ermita de El Santo de Santa Cruz de Yanguas; el añadido aquí era la circunstancia excepcional de que, tras décadas también se oficiaba misa en El Santo, gracias al nuevo tejado recién estrenado... a cubierto de la lluvia que nos acompañó.













