Hace ya unos años me contaba Manuel Lozano, el Manolo de La Laguna, que en la linde del parcelario entre Valdecantos y su pueblo existió una ermita de responsabilidad compartida entre ambas aldeas. Se alternaban anualmente en su cuidado hasta que un año, no sin cierta picaresca por parte de los vecinos de La Laguna, quedó definitivamente fijada la pertenencia a ésta, término en el que se ubica hoy.
El mejor acceso a sus ruinas es desde Valdecantos. Siguiendo la pista que desde el cruce de la carretera sale hacia el pueblo, aunque sin desviarnos a él, hay que seguir la ruta que lleva dirección Villartoso. A unos 500m a la izquierda, sobre la cresta del serrijón que separa los términos puede apreciarse todavía una montonera de piedras, los restos de la ermita de Santa María. La concentración parcelaria de los años 90 rompió en viejo camino que desde Valdecantos bajaba a este lugar, en cambio respetó el cordel ganadero que la roza por el noroeste, ancestral vial proveniente de Santa Cecilia y Bretún que prosigue ruta hacia Villartoso.
A partir de los derrumbes, poco más elevados que el nivel de cimentación, pueden calcularse unas dimensiones de 6m (N-S) x 7m (E-W). Parece que en la mitad sudoriental había un pequeño porche o zona sobreelevada donde estaría el acceso, sumando en este lado un largo de 9m frente a los mencionados 6m de poniente. Los fragmentos de cerámica vidriada y otros de producción reciente certifican cierto movimiento en época moderna y contemporánea. Salvo la advocación mariana y la tradición de la disputa entre Valdecantos y La Laguna nada más se recuerda sobre la ermita.
Lo más interesante desde el punto de vista arqueológico está junto al viejo cordel ganadero, especialmente al norte. Es el paraje denominado Los Casares, ya en el parcelario de Valdecantos. El topónimo apunta a un viejo despoblado y la prospección sobre el terreno lo confirma. Abundantes fragmentos cerámicos a torno bajo o torneta, también frecuentes fragmentos a torno alto de cocción oxidante, unos y otros de tipología y técnicas decorativas medievales, algunas cerámicas vidriadas, algún molino de mano... confirman la vida en este poblado durante toda la Edad Media que pervive, no sabemos en qué condiciones, durante un periodo indeterminado de la Edad Moderna.
La aparición de algún fragmento cerámico de los llamados 'de tradición indígena' para época romana, frecuentes en yacimientos romano-tardíos de la comarca (como ejemplo el pie de copa de la imagen), o el asa de una tapadera plana en cerámica tosca de cocina, remiten a un origen en los primeros momentos de la Edad Media incluso a la transición entre el mundo antiguo y el medieval. Bu
ena parte de los fragmentos a torneta son de ollitas de pastas y paredes grises y negras, con decoración de franjas incisas horizontales, entrelazadas a veces con otras transversales y también alguna sucesión horizontal de ondas. Excepcional es la localización de una campanilla de bronce moderna que seguro decoró con su sonido el trabajo y los arreos de una caballería que imaginamos se rompió y cayó mientras tiraba del arado.Pueden adivinarse en este poblado algunos puntos singulares. Al pie de un abrigo rocoso e inmediato a la vía pecuaria asoma un humedal, quizás manantial en el pasado, junto al que abundan los fragmentos a torneta así como numerosos restos óseos; posiblemente se trata de un basurero. Unas decenas de metros al norte, sobre el abrigo rocoso, son frecuentes los restos de escoria indicio de la existencia de una fragua en las proximidades.

Otro punto singular es la propia ermita. Situada en el extremo sur del poblado, es quizás recuerdo de su iglesia o lugar sagrado, aunque también fue frecuente levantar ermitas donde existieron antiguos poblados, convertidos hoy en restos arqueológicos. Estos parajes resultaban ser lugares por los que se sentía un respeto especial, enclaves donde derrumbes y ruinas dejaban clara la existencia de antiguos moradores, quizás ancestros. No sabemos cuál de los dos es el origen de esta ermita, si antiguo, vinculado a su momento medieval, o más reciente, como forma de consagrar un lugar con espectros del pasado, en cualquier caso lo que no cabe duda es que la ermita está vinculada al yacimiento arqueológico de Los Casares de Valdecantos, rincón serrano que se convierte así en uno de los muy excepcionales lugares que pueden aportar información sobre el momento de formación del orden territorial existente hasta hace dos siglos, el de las Comunidades de Villa y Tierra, en este caso la yangüesa.
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Idoubeda oros etnografía 2009: María LP., Nuria MM., Cristina AP., Manuel CD., Enrique BC., Eduardo AP.Para esta entrada: Manuel (análisis cerámico), Eduardo (texto y fotos)



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